20 de Octubre de 2025
Fundada por los griegos allá por el siglo VIII a.C. su historia está ligada al Etna, que la moldeó con sus erupciones y terremotos.
En el aspecto actual tiene mucho que decir el terremoto de 1693. Debido a él, la ciudad tuvo que ser prácticamente reconstruida en su totalidad. Siguieron un modelo urbanístico moderno para la época, con calles rectas, la arquitectura barroca y sus palacios de roca volcánica hacen el resto.
La agenda del día fue apretada. Comenzamos por el mercado de la Fiera, donde se puede encontrar casi de todo. Yo no me pude resistir a comprar un racimo de uva moscatel, buenísima, hacía tiempo que no la comía tan dulce.
Seguimos dirección al centro histórico por la Via Etnea hasta la Piazza del Duomo, con su famosa fuente del Elefante (Liotru), símbolo de Catania.
¿Por qué un elefante? Pues como casi siempre, por una mezcla de leyendas y tradiciones. Resulta que allí por la Edad Media había un mago llamado Eliodoro de Catania (apodado “Liotru”) que tenía un elefante mágico de piedra que cobraba vida y lo usaba para sus desplazamientos por la ciudad, muy buena solución sin duda para estar a salvo del trafico siciliano. Otros dicen que lo del elefante se remonta a mucho antes, hasta los tiempos de los romanos y sus guerras con el cartaginés Aníbal Barca, que utilizaba elefantes en su ejército. Sea como sea, los cataneses o catanesi en italiano, creen que el elefante les protege del Etna y de sus terremotos.
El resto de la mañana lo dedicamos a recorrer el centro, la catedral de Santa Agata, la Chiesa della Badia di Sant'Agata y su azotea, que tiene unas vistas espectaculares. El mercado de la Pescheria. La Piazza Santa Maria dell'Indirizzo o de los paraguas. Hasta que llegó la hora de disfrutar de la gastronomía siciliana.